17/03/2025
Hace cinco años, en marzo de 2020, España se enfrentó a una de las mayores crisis sanitarias de su historia reciente: la pandemia de COVID-19. Lo que parecía un escenario de ciencia ficción se convirtió en realidad al día siguiente. Todos quedábamos confinados en nuestras casas.
Salvo algunos empleos considerados esenciales para el conjunto de la población, la mayoría de personas tuvo que adaptar sus rutinas diarias a un escenario sin precedentes. Uno en el que había que seguir trabajando, pero en el que no se podía salir de casa.
De la noche a la mañana, el teletrabajo se convirtió en una necesidad imperante para mantener la actividad económica y social del país. Y en este contexto, las redes de telecomunicaciones jugaron un papel crucial, soportando un incremento nunca visto en el tráfico de datos y garantizando la continuidad de servicios esenciales.
En estos primeros días de confinamiento, las redes de telecomunicaciones en España experimentaron un aumento significativo en el tráfico. Según datos de Cisco, el tráfico de las redes IP se incrementó casi un 40%, mientras que las llamadas mediante redes celulares crecieron un 50% y el uso de datos móviles un 25%. Además, el tráfico de plataformas de mensajería instantánea como WhatsApp se multiplicó por cinco.
Por su parte, Telefónica registró en un mes, desde el inicio de la crisis hasta el 12 de abril de 2020, un crecimiento en el tráfico de Internet en su red fija equivalente al que se produce en todo un año en circunstancias normales, con un aumento del 35%.
Cuando Netflix se caía en Francia y Alemania, pero no en España
El vídeo fue uno de los principales responsables de este incremento en el tráfico de Internet. Ya representaba el 70% del tráfico de Internet en España y se proyectaba que en 2022 supondría el 80%. Las videoconferencias y los servicios de streaming jugaron un papel clave en este crecimiento.
Ante este escenario, muchas empresas de servicios de entretenimiento en streaming ajustaron la calidad del vídeo para responder a estos picos y mantener el servicio. Por ejemplo, Netflix, con 51 millones de usuarios en Europa, acordó con la Unión Europea reducir la velocidad de entrega de contenidos un 25% para contribuir a reducir su tráfico en las redes europeas.
Pero esto en España no fue necesario. En “la Europa de las dos velocidades”, España estaba en el vagón de cabeza, en una posición mucho más adelantada que Francia, Alemania o Suiza, donde si fue necesario reducir la calidad de las emisiones. En España, líder en despliegue de fibra óptica, pudimos seguir usando Internet con total normalidad.
Y es que las redes de telecomunicaciones en España demostraron una notable resiliencia. España cuenta con una de las mejores redes de telecomunicaciones de Europa, con el 88% de los hogares teniendo acceso a redes de banda ancha ultrarrápida. Además, destaca en conectividad móvil, disfrutando de la mayor velocidad media de 4G de Europa Occidental.
Los proveedores de servicios trabajaron incansablemente para garantizar la estabilidad y calidad del servicio. La redundancia de la red, donde los enlaces más importantes están duplicados, permitió absorber picos puntuales de tráfico y garantizar la continuidad del servicio ante posibles caídas de enlaces. Esta infraestructura robusta fue esencial para soportar el incremento de actividades como el teletrabajo, la educación en línea y el entretenimiento digital.
Además, las compañías telefónicas pusieron en marcha una serie de ayudas sociales para que nadie se pudiese quedar sin estos servicios. Algunos operadores decidieron regalar servicios para facilitar la comunicación, el teletrabajo y el entretenimiento (principalmente, de los más pequeños) mientras duró la situación de emergencia por el coronavirus.
La adopción del teletrabajo y su evolución
La pandemia aceleró la adopción del teletrabajo en España. Según una encuesta de McKinsey & Company, la adopción de servicios digitales creció alrededor de 14 puntos porcentuales durante la cuarentena, con un 92% de los consumidores utilizando al menos un servicio digital, frente al 78% antes de la crisis. Además, ocho de cada diez encuestados afirmaron que les gustaría seguir con los hábitos digitales adquiridos durante el confinamiento.
No fue así en la mayoría de los casos. La adopción del teletrabajo ha sido desigual en los años posteriores y en 2024 solo un 15,1% de los ocupados en España trabajaban desde casa, un incremento de apenas 1,3 puntos porcentuales respecto al año anterior. La Comunidad de Madrid lideraba con un 26,7% de teletrabajadores, seguida por Cataluña y Andalucía. A pesar de la preferencia por el teletrabajo, muchas empresas decidieron que los trabajadores regresaran a los centros físicos.
Redes sociales, Zoom y QRs
Otra de las características de este periodo fue el impulso que recibieron algunas funcionalidades que ya existían -como las videollamadas o los códigos QR-, mientras que otras herramientas digitales gozaron de una enorme pero fugaz popularidad durante el confinamiento y ahora pugnan por sobrevivir.
Las redes sociales -TikTok, Facebook, Snapchat e Instagram-, de mensajería -WhatsApp y Messenger- y de entretenimiento -YouTube y Netflix- fueron las aplicaciones más descargadas durante la pandemia, pero en el ‘Top 10’ también estaban las aplicaciones de videollamadas Zoom y Google Meet.
En octubre de 2020, la plataforma Zoom había conseguido 300 millones de usuarios debido a que millones de personas optaron por utilizar esta herramienta para poder trabajar desde casa o tener reuniones digitales con familiares y amigos. Pero este “boom de las videoconferencias” también trajo lo que los psicólogos acuñaron como la «fatiga de Zoom», que consiste en un agotamiento físico y psicológico que se siente tras pasar períodos prolongados en plataformas de videoconferencia.
No ha pasado lo mismo con los códigos QR, ideados en Japón en los años 90 y popularizados durante el confinamiento para mejorar las medidas sanitarias o reducir el riesgo de contagio. Hoy son los sustitutos de los menús en buena parte de los bares y restaurantes de nuestro país.
Desafíos y amenazas en el entorno digital
El incremento en el uso de las redes también trajo consigo desafíos en términos de ciberseguridad. España se convirtió en uno de los países más afectados por ciberataques en la Unión Europea. Las pequeñas y medianas empresas (pymes) fueron especialmente vulnerables, con el 60% desapareciendo seis meses después de ser atacadas. Los ataques predominantes incluyeron ataques de denegación de servicio (DDoS) y ransomware, siendo este último especialmente dañino.
Cinco años después del confinamiento de 2020, es evidente que las redes de telecomunicaciones en España desempeñaron un papel fundamental al sostener al país durante una de sus mayores crisis contemporáneas. La robustez y resiliencia de estas infraestructuras permitieron a millones de personas adaptarse a una nueva normalidad, garantizando la continuidad de actividades esenciales y demostrando la importancia de invertir en tecnología y conectividad.